14 oct 2012

Velázquez y su primer viaje a Italia



María de Austria,1630
Óleo s/lienzo, 59,5x45,5cm.
Museo del Prado. Madrid

Ya de regreso para España, pasó los últimos tres meses de ese año en la ciudad italiana de Nápoles y fue durante esa estancia cuando realizó el retrato de María Ana de Austria, todavía infanta pues aún no había tenido lugar su casamiento con Fernando III.

El objeto de hacer este retrato era el de traérselo consigo para España y entregárselo a Felipe IV como recuerdo de su hermana, a la que no volvería a ver.

Se trata de una obra muy lograda en que el autor capta perfectamente la psicología de la futura emperatriz. Tal y como venía haciendo en retratos anteriores, Velázquez pinta sobre un fondo neutro para resaltar la figura. Todo está tratado con gran calidad: el traje verdoso, la gola gris y sobre todo el cabello, realizado con gran esmero y detalle minucioso.

 

 
Con el color, las luces y las sombras"construye" las figuras y sus volumenes, predominio del color sobre la linea.

La túnica de José, 1630
Óleo s/ lienzo, 223x250cm.
Monasterio de San lorenzo, El Escorial
España 
En este cuadro Velázquez ha abandonado el claroscuro y una luz general invade la habitación donde tiene lugar el suceso. Los colores (azul, naranja, amarillo) están muy influenciados por artistas venecianos.
El contexto que enmarca la obra es típico del pintor, con una alfombra sobre un pavimento embaldosado, ajedrezado. En el lado opuesto, un excelente paisaje que demostraría la pericia y destreza de Velázquez.

Dos de las figuras aparecen, una de espaldas y la otra de lado con el pecho descubierto, mostrándonos su anatomía, su musculatura, esa tendencia a desnudar a las figuras, que ya observábamos en obras como El triunfo de Baco o La fragua de Vulcano poco a poco irá ganando terreno en las obras velazqueñas debido a esta influencia italiana, la referencia a Miguel Ángel es inevitable.
Poco a poco Velázquez va pintando de una forma menos detallista que en sus cuadros de primera época, pero es capaz de conseguir una calidad similar en los objetos metálicos o cerámicos que aparecen en la obra, nunca perderá su realismo fotográfico, aunque cada vez sus pinturas sean más sueltas. La profundidad también le interesa.
 

Detalle

Por último, un perro, figura animal preferida por el artista para dar fundamento a los primeros planos, como comprobamos en pinturas posteriores, introduce el primer significado alegórico: el ladrido a la mentira, la tensión al olfatear la traición.

 



La fraga de Vulcano,1630
Óleo s/lienzo,223x290cm.
Museo del Prado
Madrid
Es de Italia de donde Velázquez espera la inspiración que habría de llevarle a descubrir un nuevo mundo para el arte.
Su primer viaje le lleva desde Génova a Venecia, donde transcurre un año. Copia obras de viejos maestros, pero también hace algunas composiciones grandes como La fragua de Vulcano pintada en Roma en 1630 y La túnica de José.
En La fragua de Vulcano Velázquez nos ofrece un estudio anatómico meticuloso, además de realizar un análisis profundo de la situación de las figuras en el espacio bajo la influencia de una luz determinada. Esta procede de la izquierda, como en muchas de sus obras.
Escorzo
 antebrazo izquierdo
Se trata de una escena en la que se nos muestra al dios mitológico Apolo, comunicancdo al dios Vulcano que su esposa la diosa Venus, le está siendo infiel con el dios de la guerra, Marte.Muestra el momento psicológico que el hecho provoca en los que lo escuchan. Es el episodio burlesco del marido engañado, muy propio de la postura antimitológica de los pintores españoles del Siglo de Oro.
Las figuras medio desnudas, con una carnación rica en gradaciones, se presentan con poses claramente influenciadas por los maestros italianos del siglo XVI.
Aunque buena parte del colorido sigue recordando a Caravaggio, la pincelada y el rojo pleno de la túnica de Apolo revelan los modelos que Velázquez admira ahora; los magos del color como Tintoretto y, sobre todo, Tiziano.
El rojo no es el único color que destaca del sobrio pero rotundo cromatismo, destacan también los brillantes tonos anaranjados del fuego de la fragua y del manto del dios del Sol.


Estudio para la cabeza de Apolo, 1630
Oleo s/ lienzo, 36x25cm.
Colección Wildenstein, New Jork



 




Nos encontramos ante uno de los escasos estudios previos que tenemos de Velázquez ya que pintaba "alla prima", es decir, directamente sobre el lienzo, sin apenas realizar bocetos.
Se trata de la cabeza de Apolo, el dios protagonista de La fragua de Vulcano que transmite la noticia de la infidelidad de Venus al herrero de los dioses.
Las pinceladas son rápidas y casi imprecisas, poniendo Velázquez de manifiesto su genio a la hora de dibujar. Realizó este boceto en Italia, un claro homenaje a la pintura del Renacimiento que tanto estimaba el maestro sevillano.

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