24 oct. 2012

El pintor de la verdad


Gaspar de Guzman, conde-duque e Olivares, 1634
Óleo s/ tela,314x240cm.
Museo del Prado. Madrid
Pintado sin duda en fecha próxima a los retratos reales ecuestres del palacio del Buen Retiro y sin duda con la misma paleta, este Conde-Duque viste armadura, bengala y banda carmesí de general.
La enorme figura de Olivares se nos presenta sobre un precioso caballo bayo con gesto seguro y dominante.

El valido de Felipe IV tocado con un sombrero de picos que refuerza su carácter de hombre de mando, frío y decidido llena una composición en la que destaca el magnífico escorzo en diagonal del caballo- muy empleada en el Barroco- y el retorcimiento de la figura, realizadas ambas con una pincelada rápida pero precisa, intentando conseguir el efecto atmosférico que tanto preocupaba al maestro.

Velázquez se preocupa por mostrar la personalidad de su modelo.
El conde-duque lleva el pelo y el bigote con las puntas levantadas , a la moda del momento. 













En torno a las patas del caballo Velázquez ha dado unas pinceladas muy ligeras y diluídas de color blanco, para crear la sensación de polvo que levanta el caballo en su movimiento.

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